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AUDIENCIA GENERAL
Miércoles
27 de abril de 2005
Queridos
hermanos y hermanas:
Al inicio
de mi ministerio como Sucesor de Pedro he sentido asombro y gratitud
a Dios, que me ha sorprendido ante todo a mí mismo al llamarme a
esta gran responsabilidad. Pero también me da serenidad y alegría la
certeza de su ayuda y la de su Madre Santísima. Me siento apoyado
además por la cercanía espiritual de todo el Pueblo de Dios, al cual
pido que me siga acompañando con su oración.
Al reanudar
las Audiencias de los miércoles, quiero referirme al nombre elegido
como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal. He tomado el
nombre de Benedicto XVI en relación con el Papa Benedicto XV, un
valiente y auténtico profeta de paz ante el drama de la primera
guerra mundial. Como él, deseo ponerme al servicio de la
reconciliación y armonía entre los hombres y los pueblos, porque el
gran bien de la paz es sobre todo un don de Dios, que hemos de
defender y construir entre todos. El nombre Benedicto evoca, además,
la extraordinaria figura de san Benito. Él es un punto de referencia
para la unidad de Europa y las irrenunciables raíces cristianas de
su cultura y civilización.
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Saludo
ahora a los peregrinos españoles y a la Estudiantina del Instituto
católico "La Paz" de Querétaro (México), así como a los demás fieles
venidos de España y América Latina, y a cuantos están unidos a
través de la radio o la televisión. Queridos amigos: gracias por
vuestro afecto; os bendigo a todos, a vuestras familias y seres
queridos. |