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PRIMERA PARTE
LA PROFESIÓN DE LA FE
PRIMERA SECCIÓN
«CREO»-«CREEMOS»

 

CAPÍTULO PRIMERO:
EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
 

III El conocimiento de Dios según la Iglesia
 

36 "La santa Iglesia, nuestra madre, mantiene y enseña que Dios, principio y fin
de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la
razón humana a partir de las cosas creadas" (Cc. Vaticano I: DS 3004; cf. 3026;
Cc. Vaticano II, DV 6). Sin esta capacidad, el hombre no podría acoger la
revelación de Dios. El hombre tiene esta capacidad porque ha sido creado "a
imagen de Dios" (cf. Gn 1,26).
37 Sin embargo, en las condiciones históricas en que se encuentra, el hombre
experimenta muchas dificultades para conocer a Dios con la sola luz de su razón:
A pesar de que la razón humana, hablando simplemente, pueda verdaderamente por
sus fuerzas y su luz naturales, llegar a un conocimiento verdadero y cierto de
un Dios personal, que protege y gobierna el mundo por su providencia, así como
de una ley natural puesta por el Creador en nuestras almas, sin embargo hay
muchos obstáculos que impiden a esta misma razón usar eficazmente y con fruto su
poder natural; porque las verdades que se refieren a Dios y a los hombres
sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles y cuando deben
traducirse en actos y proyectarse en la vida exigen que el hombre se entregue y
renuncie a sí mismo. El espíritu humano, para adquirir semejantes verdades,
padece dificultad por parte de los sentidos y de la imaginación, así como de los
malos deseos nacidos del pecado original. De ahí procede que en semejantes
materias los hombres se persuadan fácilmente de la falsedad o al menos de la
incertidumbre de las cosas que no quisieran que fuesen verdaderas (Pío XII, enc.
"Humani Generis": DS 3875).
38 Por esto el hombre necesita ser iluminado por la revelación de Dios, no
solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino también sobre "las
verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la razón, a fin
de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de todos sin
dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error" (ibid., DS 3876; cf. Cc
Vaticano I: DS 3005; DV 6; S. Tomás de A., s.th. 1,1,1).

 

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