PRIMERA PARTE
LA PROFESIÓN DE LA FE
PRIMERA SECCIÓN
«CREO»-«CREEMOS»
CAPÍTULO PRIMERO:
EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
IV ¿Cómo hablar de Dios?
39 Al defender
la capacidad de la razón humana para conocer a Dios, la Iglesia
expresa su confianza en la posibilidad de hablar de Dios a todos los
hombres y
con todos los hombres. Esta convicción está en la base de su diálogo
con las
otras religiones, con la filosofía y las ciencias, y también con los
no
creyentes y los ateos.
40 Puesto que nuestro conocimiento de Dios es limitado, nuestro
lenguaje sobre
Dios lo es también. No podemos nombrar a Dios sino a partir de las
criaturas, y
según nuestro modo humano limitado de conocer y de pensar.
41 Todas las criaturas poseen una cierta semejanza con Dios, muy
especialmente
el hombre creado a imagen y semejanza de Dios. Las múltiples
perfecciones de las
criaturas (su verdad, su bondad, su belleza) reflejan, por tanto, la
perfección
infinita de Dios. Por ello, podemos nombrar a Dios a partir de las
perfecciones
de sus criaturas, "pues de la grandeza y hermosura de las criaturas
se llega,
por analogía, a contemplar a su Autor" (Sb 13,5).
42 Dios transciende toda criatura. Es preciso, pues, purificar sin
cesar nuestro
lenguaje de todo lo que tiene de limitado, de expresión por medio de
imágenes,
de imperfecto, para no confundir al Dios "inefable, incomprensible,
invisible,
inalcanzable" (Anáfora de la Liturgia de San Juan Crisóstomo) con
nuestras
representaciones humanas. Nuestras palabras humanas quedan siempre
más acá del
Misterio de Dios.
43 Al hablar así de Dios, nuestro lenguaje se expresa ciertamente de
modo
humano, pero capta realmente a Dios mismo, sin poder, no obstante,
expresarlo en
su infinita simplicidad. Es preciso recordar, en efecto, que "entre
el Creador y
la criatura no se puede señalar una semejanza tal que la diferencia
entre ellos
no sea mayor todavía" (Cc. Letrán IV: DS 806), y que "nosotros no
podemos captar
de Dios lo que él es, sino solamente lo que no es y cómo los otros
seres se
sitúan con relación a él" (S. Tomás de A., s. gent. 1,30). |