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China arresta a siete sacerdotes católicos reunidos
para un retiro espiritual
JINZHOU/STAMFORD, jueves, 28
abril 2005 (ZENIT.org).- Entre 31 y 50
años tienen los siete sacerdotes pertenecientes a la diócesis de
Zhengding (provincia de Hebei) que el miércoles fueron detenidos en
el pueblo de Wuqiu --próximo a la ciudad de Jinzhou— cuando se
reunieron junto a su obispo en un retiro espiritual.
Los siete sacerdotes de la «Iglesia clandestina» --que reconoce la
autoridad del Papa, pero no está oficialmente aprobada por Pekín--
se habían desplazado desde sus parroquias para un retiro espiritual
dirigido por el obispo de la diócesis Julius Jia Zhiguo.
Consagrado obispo en 1980, al obispo «no oficial» de Zhengding --de
71 años--, quien ha vivido casi todo su ministerio episcopal bajo
arresto domiciliario y una veintena de años en prisión, se le
acababa de levantar la vigilancia a la que había estado sometido las
24 horas, aproximadamente del 30 de marzo al 25 de abril, más o
menos desde la agonía y muerte de Juan Pablo II hasta el inicio del
pontificado de Benedicto XVI.
La diócesis de Zhengding es una de las más vivas de Hebei, la zona
de mayor concentración de católicos con aproximadamente un millón y
medio.
A las 17.30 --hora de Pekín-- del 27 de abril se produjo el arresto
de los sacerdotes. Lo llevó a cabo la Oficina de Seguridad de
Shijiszhuang, funcionarios de la oficina religiosa y docenas de
policías a bordo de nueve de sus coches.
El obispo de Zhengding había sido advertido por la Seguridad Pública
y las oficinas religiosas de que no iniciara actividad religiosa
alguna.
Los siete sacerdotes fueron trasladados a la Oficina de Seguridad de
sus respectivas parroquias. Se trata de Wang Dingshan (50 años), Li
Qiang (31) y Liu Wenyuan (35) --de Gaocheng--; Zhang Qingcai (45)
--del condado de Wuji--; Li Suchuan (40) --de Zhaoxian--; Pei
Zhenping (43) --de Luancheng--; y Yin Zhengsong (32) --de Dingzhou—.
Las edades de todos ellos son aproximadas.
«Esto desafía a la lógica», opina ante el nuevo suceso Joseph Kung
--presidente de la Fundación creada por el cardenal Ignatius Kung
Pinmei (fallecido en marzo de 2000), obispo de Shanghai que tuvo que
exiliarse en los Estados Unidos--.
«¿Cómo podría proclamar el gobierno Chino por un lado al Papa
Benedicto XVI y al mundo su voluntad de mejorar las relaciones entre
China y el Vaticano, y por otro lado seguir arrestando a los
sacerdotes del Papa?», cuestiona.
«Es bastante obvio que el deseo expresado por el gobierno chino de
mejorar estas relaciones con el Vaticano no es sincero», advierte.
Dirigida por el sacerdote misionero Bernardo Cervellera --experto en
China--, la agencia del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras
«AsiaNews» confirma que en los días de los funerales de Juan Pablo
II y en la elección de Benedicto XVI algunos medios creyeron
percibir un cambio en el tono del gobierno chino y nuevas
perspectivas para un diálogo China-Vaticano. De hecho China había
expresado el pésame por la muerte del Papa y la felicitación por la
elección de su sucesor.
Con todo, estas siete detenciones y, con anterioridad, la detención
de dos obispos, un sacerdote y un laico --de cuya denuncia se hizo
portavoz el Vaticano el pasado 2 de abril-- ocurrieron al mismo
tiempo que la agonía de Juan Pablo II y los primeros días del nuevo
pontificado, puntualiza.
Pekín rompió sus relaciones con la Santa Sede en 1951, expulsando al
nuncio apostólico, el arzobispo Antonio Riberi. Para reanudar las
relaciones, China pone dos condiciones: que el Papa no interfiera en
la situación religiosa del país (entre otras cosas, que no nombre a
los obispos) y que renuncie a sus relaciones con Taiwán.
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