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EL MANDATO MISIONERO ES MAS ACTUAL QUE NUNCA

CIUDAD DEL VATICANO, 26 ABR 2005 (VIS).-Benedicto XVI hizo ayer por
la tarde su primera visita fuera del Vaticano, acudiendo a la basílica de san
Pablo Extramuros, en el sur de Roma, para manifestar el lazo inseparable
de la Iglesia de Roma con el Apóstol de las gentes. Asistieron a la ceremonia
35 cardenales y representantes de otras confesiones cristianas.

El Papa saludó y bendijo a las miles de personas que llenaban el
templo, y se detuvo a acariciar y besar a varios niños.

Al inicio de la ceremonia, el Santo Padre se dirigió a los
presentes con las palabras de la Carta de san Pablo a los Romanos (1,
1-6.8-9.11-12.14- 15), y tras venerar el sepulcro del Apóstol, pronunció la homilía.

Benedicto XVI afirmó que la de hoy era "una peregrinación muy
deseada, un gesto de fe que realizo en mi nombre, pero también en nombre
de la amada diócesis de Roma, de la que el Señor me ha constituido obispo y
pastor, y de la Iglesia universal confiada a mi solicitud pastoral. Una
peregrinación, por así decir, a las raíces de la misión, de esa misión que
Cristo resucitado confió a Pedro, a los apóstoles y, en particular también
a Pablo, llevándole a anunciar el Evangelio a las gentes, hasta llegar a
esta ciudad, donde después de haber predicado durante mucho tiempo el Reino de
Dios, rindió con la sangre el último testimonio de su Señor, que le
había "conquistado" y "enviado".

Tras poner de relieve que como sucesor de Pedro había venido a esta
basílica, "para reavivar en la fe esta "gracia del apostolado" de la que
habla el apóstol, recordó el ejemplo de Juan Pablo II, "un Papa misionero
cuya actividad tan intensa, testimoniada por más de cien viajes
apostólicos, más allá de los confines de Italia, es verdaderamente inimitable. ¿Qué es
lo que le llevaba a un dinamismo así sino el mismo amor de Cristo que
transformó la existencia de san Pablo? Que el Señor infunda también en mí un amor así
para que no me detenga ante la urgencia del anuncio evangélico en el mundo
de hoy. La Iglesia es por su naturaleza misionera, su tarea primaria es la
evangelización".

"Al inicio del tercer milenio -dijo-, la Iglesia siente con
renovada viveza que el mandato misionero de Cristo es más actual que nunca".
Recordando el lema que san Benito propuso en su Regla, al exhortar a sus
monjes a "no anteponer nada al amor de Cristo", el Santo Padre subrayó
que "la pasión por Cristo llevó a san Pablo a predicar el Evangelio no
sólo con la palabra, sino también con la misma vida, que cada vez se conformó
más a la de su Señor. Al final, Pablo anunció a Cristo con el martirio, y su
sangre, junto a la de Pedro y a la de tantos testigos del Evangelio, regó
esta tierra e hizo fecunda a la Iglesia de Roma, que preside la comunión
universal de la caridad".

Benedicto XVI hizo hincapié en que "el siglo XX ha sido un tiempo
de martirio. Lo puso claramente de relieve el Papa Juan Pablo II, que pidió a
la Iglesia actualizar el martirologio y canonizó y beatificó a numerosos
mártires de la historia reciente. Por tanto, si la sangre de los mártires
es semilla de nuevos cristianos, al inicio del tercer milenio es lícito
esperar un nuevo florecimiento de la Iglesia, especialmente donde más ha sufrido
por la fe y por el testimonio del Evangelio".

"Confiamos este deseo a la intercesión de san Pablo. Que alcance
para la Iglesia de Roma, en particular para su obispo, y para todo el pueblo de
Dios, la alegría de anunciar y testimoniar a todos la Buena Nueva de
Cristo Salvador".
 

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