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Teólogo del Papa:
«Debemos tomar al demonio muy en serio»
CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 29 julio 2004 - Por
su acción contra el hombre «debemos tomar al demonio muy en serio»,
pero sin olvidar en nuestro camino la confianza en el amor de Dios
--un amor «más fuerte que todo»--, cuya misericordia «vence todo
obstáculo», explica el cardenal Georges-Joseph Marie Martin Cottier,
O.P, teólogo de la Casa Pontificia.
Sucesos como el del pasado 24 de julio "en la
catedral de Santiago de Chile el padre Faustino Gazziero fue
asesinado nada más celebrar la Eucaristía por un joven que profería
gritos satánicos" suscitan la cuestión de la influencia maligna en
la persona y la sociedad.
En esta entrevista, el cardenal Cottier aborda la
acción real del demonio en el mundo, sus causas, sus consecuencias y
el motivo de esperanza para el hombre.
--¿En el gran misterio del mal cuánto cuenta la
acción del diablo y qué parte tiene en cambio la responsabilidad del
hombre?
--Cardenal Cottier: El diablo es sin más ni más
el gran seductor porque intenta llevar al hombre al pecado
presentando el mal como el bien. Pero la caída lleva nuestra
responsabilidad porque la conciencia tiene capacidad de distinguir
lo que es bueno de lo que es malo.
--¿Por qué el diablo quiere inducir al hombre al
pecado?
--Cardenal Cottier: Por envidia y celos. El
diablo quiere arrastrar consigo al hombre porque él mismo es un
ángel caído. La caída del primer hombre estuvo precedida por la
caída de los ángeles.
--¿Es una herejía afirmar que también el diablo
forma parte del proyecto de Dios?
--Cardenal Cottier: Satanás fue creado por Dios
como ángel bueno porque Dios no crea el mal. Todo lo que sale de la
mano creadora de Dios es bueno. Si el demonio se ha convertido en
malo es por su culpa. Es él quien haciendo mal uso de su libertad se
ha hecho malo.
--¿Habrá alguna vez redención para el demonio,
como afirma algún teólogo?
--Cardenal Cottier: Planteemos una premisa: el
hombre ha caído en el pecado porque el primer pecador, o sea el
demonio, le ha arrastrado a su abismo de mal. ¿De qué se trata en
sustancia? Del rechazo de Dios y, sobre todo, de la oposición al
Reino de Dios como proyecto de providencia sobre el mundo. Este
rechazo que nace de la libertad de una criatura del todo espiritual
como el diablo es un rechazo total, irremediable y radical, como se
dice también en el catecismo de la Iglesia católica.
--¿Entonces ninguna esperanza de que al final la
misericordia de Dios pueda vencer el odio del diablo?
--Cardenal Cottier: El carácter perfecto de la
libertad del ángel caído hace que su elección sea definitiva. Esto
no significa poner un límite a la misericordia de Dios, que es
infinita. El límite está constituido por el uso que el diablo hace
de la libertad. Es él quien impide a Dios cancelar su pecado.
--¿Por qué el diablo, que es espíritu
inteligentísimo, usa de esta manera esa libertad, que es en
cualquier caso siempre un don de Dios?
--Cardenal Cottier: Aquí estamos ante el
misterio. El misterio del mal es ante todo el misterio del pecado.
Somos golpeados, justamente, por los males físicos, pero existe un
mal mucho más radical y más triste que es el mal del pecado. El
diablo se ha establecido en su rechazo. Además el pecado del ángel
es siempre más grave que el del hombre. El hombre tiene tantas
debilidades en sí que de alguna manera su responsabilidad puede
resultar velada; el ángel, siendo espíritu purísimo, no tiene
excusas cuando elige el mal. El pecado del ángel es una elección
tremenda.
--Parece imposible que un ángel creado en la luz
de Dios haya podido elegir el mal...
--Cardenal Cottier: Cuando hablamos de un ángel
caído a causa del pecado afrontamos un tema muy grave y por lo tanto
debemos tratarlo con gran seriedad. En la tentación del hombre
tenemos casi un reflejo de lo que fue el pecado mismo del ángel. He
aquí la seducción suprema: ponerse en el lugar de Dios. Incluso
Satanás no reconoció su condición de criatura.
--¿Por qué el demonio es llamado príncipe de este
mundo?
--Cardenal Cottier: Es una expresión del
Evangelio de Juan. Significa que el mundo, cuando olvida a Dios, es
dominado por el pecado. La acción del demonio está guiada por el
odio hacia Dios y puede hacer graves daños cuando seguimos sus
tentaciones. El mal principal del demonio es el mal espiritual, el
del pecado. Esta acción toca tanto al individuo como a la sociedad.
--¿Dios no habría podido impedir todo esto?
--Cardenal Cottier: Sí, pero ha permitido que
tanto el demonio como el hombre tuvieran la libertad de actuar y, a
veces, de pecar. Es un misterio tremendo. San Pablo dice: «Todo es
para bien de los que aman a Dios». Cuando por lo tanto estamos con
Dios, incluso el mal contribuye a nuestro bien.
--Difícil de aceptar...
--Cardenal Cottier: Pensemos en los mártires. En
el extraordinario bien espiritual que, a la luz de la fe, se deriva
de una tragedia como un martirio. San Agustín, comentando a Pablo,
dice: «Dios no habría permitido el mal si no hubiera querido hacer
de este mal un bien mayor». Hay bienes que la humanidad no habría
conocido si no hubiera estado la presencia del pecado y del mal. Es
difícil afirmar esto, pero es la verdad.
--¿Cómo actúa el diablo en la realidad de todos
los días?
--Cardenal Cottier: Lo podemos comprender por
algunas expresiones del Evangelio de Juan, allí donde se dice que el
demonio es homicida desde el principio. O sea, es destructor y hace
morir, tanto en sentido propio como espiritualmente. Por esto es
llamado el gran tentador.
--¿Nos referimos al diablo cuando en el «Padre
Nuestro» decimos «no nos dejes caer en tentación»?
--Cardenal Cottier: Sí, pedimos a Dios resistir
la tentación. Es erróneo pensar que toda tentación venga del
demonio, pero las más fuertes y más sutiles, las más espirituales,
tienen ciertamente su impronta. Y son tanto tentaciones individuales
como colectivas. El demonio actúa sobre la historia humana. Su
influencia es negativa. La muerte, el pecado, la mentira son signos
de su presencia en el mundo.
--Dice que no todas las tentaciones vienen del
demonio. ¿De qué otra cosa debemos guardarnos entonces?
--Cardenal Cottier: La tradición cristiana nos
dice que las fuentes de tentaciones son tres. La más terrible,
cierto, es la del demonio. Después está el mundo, la sociedad, los
«otros» en la acepción joánica. Y finalmente está la «carne», esto
es, nosotros mismos. San Juan de la Cruz dice que de estas tres
tentaciones la más peligrosa es la última, o sea nosotros mismos.
Para cada uno de nosotros el enemigo más pérfido es uno mismo. Antes
de atribuir las tentaciones al demonio y al mundo, pensemos en
nosotros mismos. Aquí encontramos también la importancia de la
humildad y del discernimiento. El Espíritu Santo nos da el don del
discernimiento y nos preserva de la soberbia de confiar demasiado en
nosotros mismos.
--¿Cuál es la actitud más correcta que el
cristiano debería observar frente al misterio del maligno?
--Cardenal Cottier: No olvidar jamás que la
pasión y la muerte de Jesús han triunfado para siempre sobre el
demonio. Esto es una certeza. Lo dice San Pablo. La fe es la
victoria sobre el padre del pecado y de la mentira. Esto quiere
decir que el demonio, siendo una criatura, no tiene un poder
infinito. A pesar de todos sus esfuerzos el demonio nunca podrá
impedir la edificación del Reino de Dios, que crece pese a todas las
persecuciones. El cristiano, gracias a la fidelidad en la fe, vence
el mal.
--En conclusión...
--Cardenal Cottier: Debemos tomar al demonio muy
en serio, pero no debemos pensar que sea omnipotente. Hay gente que
tiene un miedo irracional al demonio. La confianza cristiana, que se
alimenta de oración, humildad y penitencia, debe ser sobre todo
confianza en el amor del Padre. Y este amor es más fuerte que todo.
Debemos tener conocimiento de que la misericordia de Dios es tan
grande como para vencer todo obstáculo. |