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Hablando con el Cardenal
Ratzinger
Entrevista concedida por el Cardenal Joseph Ratinger al Canal
Católico EWTN
5 de
septiembre 2003
Raymond
Arroyo: Antes que nada Su Eminencia, gracias por recibirnos. Es un
gran honor poder estar aquí con usted. En su libro, Dios y el Mundo,
usted habla de una crisis de fe. Usted, mejor que nadie, debe
conocer el estado de la Iglesia dado que recibe informes al respecto
todos los días. ¿Cuál es el centro de esta crisis de fe actual?
¿Están mejorando las cosas?
Cardenal
Ratzinger: Sí, en un sentido están mejorando. Aunque, en general,
nuestra situación, es decir, la situación de occidente es la de un
creciente relativismo. Existe la idea de que todo es igual y que no
tenemos nada claro sobre Dios; entonces todos los credos son
iguales. Esta es una impresión general del mundo de hoy y eso
constituye una tentación para los cristianos. Pienso, por otra
parte, que muchas personas tienen un sincero deseo de relacionarse
directamente con Cristo, con la presencia de Nuestro Señor. Diría
que los jóvenes de la Iglesia mejoran esta situación ya que ellos no
hacen lo que todo el mundo sino que en realidad anhelan ese contacto
con el Señor así como compartir la fe de la Iglesia. Diría que en
general, la situación de occidente no mejora en cuanto a la fe, pero
en la Iglesia, entre los jóvenes, podemos ver un nuevo amanecer.
Raymond
Arroyo: Signos de esperanza que van apareciendo.
Cardenal
Ratzinger: Sí.
Raymond
Arroyo: Hablemos por un momento del Concilio Vaticano II,
particularmente de la preparación del Concilio. Usted ha dicho y
escrito mucho sobre esto. Para los de mi generación, creo que lo más
importante concerniente a la fe de nuestros padres y abuelos es la
liturgia, la Misa. Usted ha comentado sobre la reforma, sobre
reformar la reforma. ¿Cómo ve eso? ¿Cómo ve que eso toma cuerpo a
medida que el tiempo pasa?
Cardenal
Ratzinger: Generalmente, diría que la reforma litúrgica no se
implementó bien porque era algo general. Ahora, la liturgia es algo
propio de una comunidad. La comunidad se representa a sí misma y la
creatividad del sacerdote o de otros grupos será lo que cree sus
propias liturgias. La liturgia actual es más la expresión de sus
propias ideas y experiencias que de lo que se encuentran con la
presencia del Señor en la Iglesia. Y con esa creatividad y
presentación personal de la comunidad, desaparece la esencia de la
liturgia. Porque en esencia podemos ver a través de nuestras
experiencias y recibir lo que no es parte de nuestra experiencia,
pero como un don de Dios. Pienso que debemos restaurar algunas
ceremonias, pero la idea esencial de liturgia –para entenderla en la
liturgia– es que no nos presentamos a nosotros mismos sino que
recibimos la gracia de Dios en la Iglesia del Cielo y la terrenal.
La universalidad de la liturgia es esencial. La definición de la
liturgia y el restablecimiento de esta idea también podrían ayudar a
obedecer mejor las normas, no con un positivismo jurídico, sino
compartiendo realmente lo que se nos da en la Iglesia a través del
Señor.
Raymond
Arroyo: Y ese sentido del sacrificio y valor del que ha hablado tan
elocuentemente, ¿Cree que podrá restablecerse concretamente?
¿Veremos la vuelta a la postura ad orientem, de cara a Oriente, el
sacerdote de espaldas al pueblo durante la Misa, un retorno al
latín, más latín en la Misa?
Cardenal
Ratzinger: Versus orientem. Diría que podría ayudar ya que es una
tradición de los tiempos de los Apóstoles, y no es sólo una norma
sino la expresión de la dimensión cósmica e histórica de la
liturgia. Celebramos con el cosmos, con el mundo. Es la dirección
del futuro del mundo, de nuestra historia representada en el sol y
en las realidades cósmicas. Creo que en nuestros días, este
descubrimiento de nuestra relación con el mundo creado puede ser
comprendida mejor por las personas que hace 20 años. Y también,
comúnmente, los sacerdotes y las personas también están orientadas
al Señor. Entonces, creo que podría ayudar. Los gestos externos no
son sólo un remedio de por sí, pero podría ayudar dado que es una
interpretación muy clásica de la dirección de la liturgia.
Generalmente, pienso que fue bueno traducir la liturgia en las
lenguas locales porque la entendemos, participamos también con
nuestras mentes. Pero la presencia del latín en algunos elementos
ayudaría a darle una dimensión universal, darle la oportunidad a la
gente para que vea y diga “Estoy en la misma Iglesia”. Así que, en
general, las lenguas locales son...
Raymond
Arroyo: Algo bueno.
Cardenal
Ratzinger: …Una solución. Pero algo de latín podría ayudar a tener
la experiencia de universalidad.
Raymond
Arroyo: Sé que está trabajando en nuevas disposiciones litúrgicas
que el Papa ha previsto en su encíclica sobre la Eucaristía. Hemos
oído mucho del Cardenal Arinze. Para algunos esto puede ser el
inicio de la vuelta de la Misa tridentina. ¿Usted cree que será así?
Cardenal
Ratzinger: Haría una distinción entre el documento futuro y el
problema de las indulgencias. El futuro documento no son nuevas
disposiciones sino la interpretación de normas ya dadas. Sólo
tenemos que interpretar o aclarar lo que es abuso y lo que es
aplicable en la liturgia. En un sentido la posibilidad de este
documento es muy limitada: una aclaración de los abusos y aclarar
las normas. Lo otro es un problema distinto. En general, pienso que
la antigua liturgia no se prohibió nunca. Sólo necesitamos normas
para que, pacíficamente, se aplique de modo que la liturgia
reformada sea la liturgia habitual de la Iglesia. Y que quede claro
que la otra siempre será válida siempre siguiendo el Magisterio de
la Iglesia y del Santo Padre.
Raymond
Arroyo: Así es. Y eso es un gran reto en algunos lugares. Es
interesante ver también como en algunos lugares muchos han seguido
el llamado del Papa para realizar más frecuentemente la practica de
la antigua Misa.
Cardenal
Ratzinger: Sí, creo que es importante estar abierto a la posibilidad
de demostrar también la continuidad de la Iglesia. No somos parte de
una Iglesia distinta a la de hace 500 años. Siempre es la misma
Iglesia. La Iglesia siempre es Santa nunca ha dejado de serlo, es
imposible.
Raymond
Arroyo: Correcto. Algunos sugieren, Su Eminencia, que existe un
cisma de facto en la Iglesia de hoy. Muchos que se llaman a sí
mismos católicos, que nacieron en hogares católicos y que fueron
bautizados como tales, simplemente no creen ni viven una vida de fe.
¿Cómo los atraemos nuevamente? ¿Cómo llegamos a ellos en medio de
nuestra realidad cultural actual?
Cardenal
Ratzinger: Diría que ese es un problema pastoral permanente, ayudar
a las personas a que compartan la fe de la Iglesia auténticamente. Y
siempre ha sido un problema para muchas personas porque su fe es
deficiente e insuficiente. . Hoy en día esto puede verse mucho más
claramente con todo el…
Raymond
Arroyo: ¿Relativismo?
Cardenal
Ratzinger: …con el relativismo y las cosas relacionadas a él. Es un
problema tan complicado como en tiempos pasados. También está el
problema de la catequización y la evangelización que es mucho más
difícil que antes. Pienso que lo primero que debe hacerse es una
buena catequesis en la formación en la fe, que se haga presente la
fe de la Iglesia. Creo que el Catecismo de la Iglesia Católica es
una gran ayudar para observar universalmente lo que es la fe de la
Iglesia y lo que no lo es. El nuevo compendio que estamos preparando
será otra ayuda para hacer más accesible el gran catecismo en un
trabajo práctico de catequización. Este es el primer punto: la
educación es la verdadera base del presente. El otro asunto está en
la predicación: que podamos aprender lo que es la fe en las
homilías, no sólo algunas ideas o siempre las mismas ideas. Pienso
que un peligro real con el que nos topamos es que en las homilías
los sacerdotes y también los obispos repiten esencialmente sus ideas
favoritas y no presentan la totalidad de la fe. Me parece entonces
que una renovación en la predicación también es muy importante. La
liturgia es catequesis viva. Se puede ver el Sacrificio de Cristo
aquí y que Dios Uno y Trino está en contacto con nosotros y nosotros
con Él. La Liturgia es muy importante. De ese modo, también debe
profundizarse la oración en la Iglesia. Creo que la manera de
aprender a Dios es la oración. Y tener una escuela de oración es
esencial. Con una relación concreta de oración, aprendemos sobre
Dios y aprendemos a la Iglesia. Por eso es importante tener libros
de oración que presenten la profundidad de nuestra fe. Por esa misma
razón la caridad cristiana es importante para concretar nuestra fe;
dado que la fe no es sólo una idea, una teoría, sino una realidad
existente.
Raymond
Arroyo: Así es. Me parece que esa experiencia de la que habla, se
relaciona a lo que dijo de la Misa...
Cardenal
Ratzinger: Así es.
Raymond
Arroyo: …ese, ese es el verdadero contacto, si uno lo desea, entre
Dios y el hombre …
Cardenal
Ratzinger: Sí. Sí.
Raymond
Arroyo: Hablemos un momento sobre la nueva primavera. El Papa ha
hablado mucho sobre la nueva primavera y usted ha comentado sus
propias ideas. Su visión es un poco diferente a la de algunos.
Algunos ven que los números crecen y que los creyentes avanzan hacia
el tercer milenio cantando y bailando, tomados de las manos hacia el
tercer milenio (el Cardenal se ríe entre dientes). Usted ve una
imagen distinta. Díganos ¿cómo es esa imagen. ¿Cómo ve la evolución
de esta Primavera?
Cardenal
Ratzinger: No excluyo este baile tomados de las manos, pero esto es
sólo un momento. Mi idea de la primavera de la Iglesia no se refiere
a que dentro de poco tengamos muchísimas personas convertidas y que
finalmente todas las personas del mundo se conviertan al
catolicismo. Esa no es la manera de Dios. Las cosas esenciales en la
historia empiezan con pequeñas comunidades, más convencidas. Así, la
Iglesia comienza con 12 apóstoles, e incluso la Iglesia de San Pablo
que se difundió en el Mediterráneo estaba constituida por pequeñas
comunidades, pero esta comunidad en sí misma es el futuro del mundo
dado que tiene la verdad y la fuerza de la convicción. Pienso que
sería un error pensar que ahora o en diez años con la nueva
primavera, todo el mundo será católico. Este no es nuestro futuro,
no es nuestra expectativa. Pero tendremos comunidades realmente
convencidas con el élan de la fe, ¿no? Esta es la primavera: una
nueva vida de personas convencidas con el gozo de la fe.
Raymond
Arroyo: Pero, ¿pequeños números? ¿y a gran escala?
Cardenal
Ratzinger: Números pequeños, me parece. De esos números pequeños
tendremos una irradiación de alegría en el mundo. Existe una
atracción, como la había en la antigua Iglesia. Incluso cuando
Constantino instauró el cristianismo como religión oficial, había un
pequeño porcentaje de cristianos, pero era claro que ellos eran el
futuro. Podemos vivir en el futuro. Diría que si tenemos jóvenes que
realmente viven la alegría de la fe y viven además la irradiación de
esta alegría; tenemos entonces a un grupo de personas que le dicen
al mundo “incluso si no podemos compartirla, si no podemos convertir
a nadie en este momento, aquí está la forma para vivir el mañana”.
Raymond
Arroyo: Así es. ¿Ve a los movimientos en la Iglesia como parte de
esa conversión? ¿Existe el peligro de que nos dejemos envolver por
este competitivo hecho, si lo ve así, de que todos debamos ser parte
de ellos para ser católicos en serio?
Cardenal
Ratzinger: Sí, por un lado soy muy amigo de estos movimientos:
Comunión y Liberación, los focolares y la Renovación Carismática,
por ejemplo. Pienso que son un signo de esta primavera y de la
presencia del Espíritu Santo que esté regalando estos carismas
nuevos a la Iglesia. Esto es para mí motivo de gran esperanza: que
la fuerza proveniente del Espíritu Santo esté presente en los laicos
y no necesariamente en el clero. Tenemos movimientos y nuevas formas
de fe. Por otra parte, creo que es importante que estos movimientos
no se cierren sobre sí mismos o se absoluticen. Tienen que entender
que si bien son una manera, no son “la” manera; tienen que estar
abiertos a otros, en comunión con otros. Especialmente debemos tener
presente y ser obedientes a la Iglesia en la figura de los obispos y
del Papa. Sólo con esta apertura a no absolutizarse con sus propias
ideas y con la disposición para servir a la Iglesia común, la
Iglesia universal, serán un camino para el mañana.
Raymond
Arroyo: Su Eminencia, quiero hacerle una pregunta personal si me lo
permite. Ha escrito un libro recientemente Dios y el Mundo. Ha dicho
que esta posición como Prefecto para la Congregación de la Doctrina
de la Fe es su “más incómoda posición” (el Cardenal Ratzinger se ríe
despacio) ¿Qué quiso decir con eso?
Cardenal
Ratzinger: Pues sí, de muchas maneras es incómodo. Sobre todo porque
con frecuencia tenemos que lidiar con todos los problemas de la
Iglesia: relativismo, herejías, teologías inaceptables, teólogos
complicados y demás. Junto con los casos disciplinarios, el problema
de los pedófilos; por ejemplo, también es nuestro problema. En esta
Congregación tenemos que lidiar con los aspectos más complicados de
la vida de la Iglesia de hoy. Además, somos atacados como la
inquisición, lo que usted debe saber mejor que yo...
Raymond
Arroyo: Claro, claro.
Cardenal
Ratzinger: …Eso por un lado. Pero, por otra parte todos los días
experimento que las personas están agradecidas cuando dicen “sí, la
Iglesia tiene una identidad, una continuidad, la fe es real y está
presente también hoy y es posible”. Y cuando voy a la Plaza San
Pedro y veo a tantas personas de lugares tan variados del mundo que
me dicen “gracias Padre. Estamos agradecidos por el difícil trabajo
que hace, porque nos está ayudando”. Incluso muchos amigos
protestantes me dicen “lo que está haciendo es útil para nosotros
porque también está defendiendo nuestra fe y la presencia de la fe
en Cristo. Necesitamos una instancia como la suya, a pesar de no
compartir lo que está diciendo. Es también útil para ver que tenemos
que seguir en esta defensa continua de la fe y nos alienta a
continuar en la fe, a vivirla”. Y en estos últimos días, una
delegación de ortodoxos se acercó a mí y me dijeron que “lo que está
haciendo también es bueno para nuestra fe”. Entonces tenemos una
dimensión ecuménica que con frecuencia no es...
Raymond
Arroyo: Apreciada.
Cardenal
Ratzinger: …apreciada.
Raymond
Arroyo: Su Eminencia, lo otro que quisiera preguntar; –y esto es
totalmente personal. Desde mi puesto cubro a la Iglesia, viajo por
todo el mundo y converso con mucha gente. Estoy seguro que no tanta
gente como los grupos con los que usted habla ni encontrando las
cosas que Usted encuentra. Debo decirle, honestamente, que los
últimos días han sido como una prueba de fe para mí y para algunos
de mis colegas también. ¿Cómo enfrenta la tentación de la
desesperanza que llega a veces, considerando los casos que examina y
las personas con las que se encuentra?
Cardenal
Ratzinger: Pienso que tenemos que recordar a Nuestro Señor que nos
dijo “Dentro de los campos de la Iglesia no sólo habrá trigo sino
también paja; de los mares del mundo obtendrán no sólo peces sino
también cosas inaceptables”. Entonces, el Señor nos anuncia como
comunidad, una Iglesia en la que existirán escándalos y pecadores.
Tenemos que recordar que San Pedro, el primero de los apóstoles, fue
un gran pecador y a pesar de eso el Señor quiso que este Pedro
pecador sea la roca de la Iglesia. Con esto, ya nos había indicado
que no esperemos que todos los Papas sean grandes santos, tenemos
que esperar que algunos de ellos sean pecadores. Nos anuncia que en
los campos de la Iglesia habrá mucha paja. Esto no debería
sorprendernos si consideramos la historia de la Iglesia. Han
existido otros tiempos que por lo menos han sido tan complicados
como los nuestros con escándalos, cosas, etc. Todo lo que debemos
hacer es pensar en el siglo IX, el X, el renacimiento. Entonces,
contemplando las palabras del Señor en la historia de la Iglesia,
podemos relativizar los escándalos de hoy. Sufrimos. Tenemos que
sufrir porque ellos –es decir los escándalos– hacen sufrir a mucha
gente, y aquí pensemos en las víctimas. Ciertamente, tenemos que
hacen todo lo posible para evitar que estas cosas pasen en el
futuro. Pero, por otra parte, sabemos que el Señor –y esta es la
esencia de la Iglesia– se sentaba a la mesa con pecadores. Esta es
la definición de Iglesia. El Señor se sienta a la mesa con
pecadores. Entonces no podemos sorprendernos de que esto sea así. No
podemos caer en desesperanza. Al contrario, el Señor dijo “YO NO
ESTOY aquí sólo para los justos, sino para los pecadores”. Tenemos
que estar seguros de que el Señor, verdaderamente –incluso hoy en
día– busca a los pecadores para salvarnos.
Raymond
Arroyo: ....Durante los dos últimos años, muchos han diagnosticado
una crisis de abusos sexuales que están plagando la Iglesia en
Estados Unidos. Ahora el jefe de los teólogos del Vaticano
identifica lo que considera son las raíces de estos escándalos
sexuales. Usted, lo sé, ha estado bastante involucrado en la crisis
de Estados Unidos, tratando de cerrar una herida en cuanto a los
escándalos sexuales. Mi pregunta es ¿Cuáles cree que son las raíces
que originan esta crisis que aún vivimos en Estados Unidos
Cardenal
Ratzinger: Distinguiría tal vez dos elementos distintos: un elemento
general y uno específico. El elemento general es, como ya dije, la
debilidad de los seres humanos, incluso de los sacerdotes. Las
tentaciones están presentes también para los sacerdotes y eso
siempre va a ser así. Tenemos que aceptar eso siempre y entender
que, incluso en la comunión entre sacerdotes y obispos, estas cosas
pueden suceder. El segundo punto es más específico. ¿Por qué es más
común en estos tiempos que en el pasado? Creo que un punto esencial
es la debilidad de la fe, porque, sólo si me encuentro a solas con
el Señor, si el Señor está ahí por mí, no la idea sino la Persona
con la que vivo una amistad profunda, si conozco personalmente al
Señor y estoy en contacto con su amor todos los días; entonces la fe
se convierte en una realidad para mí. Si es así entonces se
convierte en el terreno de mi vida, es la más segura realidad y no
una posibilidad. De ser así y si estoy realmente convencido y en
contacto de amor con el Señor, entonces Él me ayudará a vencer las
tentaciones aunque parezcan imposibles de vencer. Si no actualizamos
nuestra fe todos los días, si se debilita y se convierte en algo que
no es fundamental en la vida; entonces comienzan todos estos
problemas. Por todas estas razones es que la debilidad de la fe y la
poca presencia de la fe en la Iglesia son el punto esencial. Me
parece que es un problema que venimos arrastrando desde hace 40 o 50
años: la idea que tenemos ideas comunes con todo el mundo y que la
fe es un asunto muy personal; junto con falta de conciencia de que
la fe es un don de Dios. Lo primero que debemos hacer, entonces, es
aprender nuevamente, reconvertirnos a una fe profunda y educarnos en
la fe. Pienso que en los últimos 40 o 50 años la enseñanza moral de
la Iglesia no estaba muy clara tampoco. Tuvimos tantos maestros en
la Iglesia que enseñaban otras cosas y decían “no, esto no es
pecado. Esto es común y como todos lo hacen entonces está
permitido”. Con esta idea, no tenemos una enseñanza moral clara e
incluso podemos…
Raymond
Arroyo: ser presa de las cosas del mundo.
Cardenal
Ratzinger: Sí, sí, sí. Creo que hay dos cosas esenciales en este
asunto: la conversión a una fe profunda, la vida sacramental y de
oración, por un lado y, por el otro, una enseñanza moral y una
convicción de que la Iglesia tiene al Espíritu Santo de su parte y
puede avanzar en este camino.
Raymond
Arroyo: ¿Qué le diría a los fieles que en Estados Unidos que se
encuentran tan abatidos en estos momentos, que no están seguros de a
quien mirar?
Cardenal
Ratzinger: Bueno, en primer lugar lo que deben hacer es mirar al
Señor. Él está siempre presente y siempre cerca de nosotros. Miren
también a los santos de todos los tiempos. Los humildes, los fieles
están allí, de repente no tan notoriamente porque no salen en
televisión. Pero los humildes y los que rezan están presentes y en
eso confía la Iglesia, confía en que todos los fieles encuentren a
este tipo de personas: Que vean que con todos los problemas de hoy,
la Iglesia no ha desaparecido, sigue adelante, especialmente con
personas que no son tan visibles. Pienso entonces que lo esencial es
encontrar al Señor, ver a los santos de todos los tiempos y
encontrar también a los que no están canonizados, personas sencillas
que están en el corazón de la Iglesia.
Raymond
Arroyo: Su Eminencia, en Estados Unidos la Conferencia de Obispos
intenta ponerle punto final a esta crisis. Dado que existe tal falta
de confianza en los obispos por parte de los fieles ¿Cree que la
Conferencia de Obispos sea el mejor instrumento para sanar las
heridas en este momento?
Cardenal
Ratzinger: Esta es una pregunta difícil, como bien sabe.
Raymond
Arroyo: Por eso se la hago (ambos ríen).
Cardenal
Ratzinger: Por un lado diría que la coordinación entre los obispos
en Estados Unidos se hace muy necesaria dado que es un país bastante
grande y es imposible que un obispo tenga la misma disciplina que
otro. En este sentido, la coordinación entre los obispos y las
normas comunes son importantes para garantizar la igualdad entre las
distintas diócesis. Creo que la responsabilidad personal del obispo
es fundamental para la Iglesia y, tal vez, el anonimato de la
Conferencia de Obispos puede ser un peligro para la Iglesia. Nadie
es responsable inmediatamente. Siempre fue la conferencia y uno no
sabe dónde ni quién es la conferencia. Por un lado, tenemos entonces
la cooperación, la colegialidad y la igualdad del derecho y las
normas. Por otra parte es una responsabilidad personal de los
obispos que podemos conocer. “Esta es mi parte ahora, yo soy
responsable”. Y se hace responsable de cualquier tipo de cosas de
las que deba hacerse responsable.
Raymond
Arroyo: Correcto, correcto. Porque es difícil para los niños de la
Iglesia abrazar a un padre que no conocen (risas).
Cardenal
Ratzinger: Eso es claro. Es la figura de un obispo que está
valerosamente presente.
Raymond
Arroyo: Muy importante. En Dios y el Mundo, usted reflexiona un poco
sobre la Dominus Jesus, un documento del año 2000. Sobre el asunto,
su libro fue recibido en medio de cierta controversia porque en él
usted dice “Dios no ha revocado Su alianza con el pueblo de Israel,
en vez de eso presenta a Jesús como el Mesías para todos y entonces,
la conversión es necesaria, o debería ser una posibilidad”. ¿Cómo
reconcilia esas dos ideas?
Cardenal
Ratzinger: Tal vez no es posible para nosotros reconciliarlas, eso
debemos dejárselo a Dios. En las Escrituras hay dos cosas bastante
claras. En la Carta de San Pablo a los Romanos, el apóstol dice
claramente que “la fidelidad de Dios es absolutamente clara. Él es
fiel a sus promesas”. Por eso, el pueblo de Abraham será siempre el
pueblo de Dios, por un lado. Y lo dice claramente “Todo Israel será
salvado”. Pero también es claro que Jesús es el Salvador, no sólo
para los demás pueblos. Él es judío y Él es el Salvador,
especialmente de su propio pueblo. San Bernardo de Claraval dijo
“Dios salvado, se reservó para sí la salvación de Israel. Lo hará Él
mismo en Persona”. Entonces nos debe quedar claro que esto queda
para Dios. Debemos estar convencidos de que Cristo es el Salvador de
todos los suyos y de todo el mundo. Pero cómo salvará a su pueblo es
algo que debemos dejar en manos de Dios.
Raymond
Arroyo: Pero es responsabilidad de la Iglesia hacer que el Evangelio
esté disponible y que el mensaje esté disponible para los judíos.
Cardenal
Ratzinger: Sí. Es absolutamente importante hacer que el Evangelio
sea accesible para todos y entendible para los judíos. No sé si tal
vez usted haya visto el nuevo libro del Cardenal Lustiger en el que
relata una promesa y, de manera muy personal, narra una experiencia
en la que muestra cómo podemos entender que el Antiguo Testamento
habla de Cristo y que también es posible hacerlo accesible y
disponible en los santos libros de Israel. Cristo es quien habla en
el presente. Entonces, este es un deber de la Iglesia: hacer
disponible y comprensible que es el Salvador, incluso de los Suyos,
los judíos.
Raymond
Arroyo: Hablemos por un momento de sexualidad. Usted ha dicho que
esto debe vivirse en el matrimonio. En nuestros días este asunto es
una noción y enseñanza bastante cuestionadas. ¿Cómo le presenta la
Iglesia este mensaje a los fieles, en una cultura que tiene ahora
“matrimonios homosexuales”, fertilización in vitro y tecnologías de
reproducción fuera del acto sexual, cómo le presenta esta enseñanza
a esta cultura?
Cardenal
Ratzinger: ¿Usted no pensará que en un minuto voy a aclarar lo que
mucha gente no ha podido en muchos libros? Sin embargo, considero
siempre esencial entender la naturaleza que se le ha dado al ser
humano y que el hombre ha sido creado para la mujer y viceversa.
Esta es la relación creacional que refleja todo lo que la naturaleza
le ha dado al hombre para continuar con la generación humana. Es
crucial que los hombres y mujeres creados por Dios sean uno, como se
dice en los primeros capítulos de la Biblia. Por eso creo que, a
pesar de que la cultura está en contra del matrimonio como forma
esencial de relacionarse entre los seres humanos, entre los hombres
y las mujeres; nuestra naturaleza está siempre presente y podemos
entenderlo. Creo que las cosas que se oponen al matrimonio son una
contra-cultura y no están de acuerdo a nuestros anhelos más
profundos. Creo que es posible lograr un diálogo sincero y abierto
con las personas para entender que incluso en nuestros días el
hombre y la mujer han sido creados el uno para el otro.
Raymond
Arroyo: Así es. Una de sus labores aquí en la Congregación para la
Doctrina de la Fe es la investigación de las apariciones marianas
que ocurrieron en la historia y en nuestra era. En el 2000, usted
dio a conocer el llamado “tercer secreto de Fátima”. Parte de esa
revelación hablaba de una bala contra un Papa y que éste caería
muerto. La congregación interpretó que este episodio era el intento
de asesinato en contra de Su Santidad, Juan Pablo II. ¿Es posible –y
me han llegado muchas cartas preguntándome esto– que esto pudiera
referirse a un futuro Papa?
Cardenal
Ratzinger: No podemos excluir esta posibilidad. Normalmente las
visiones privadas están limitadas a la siguiente generación. Incluso
Lucía y todos en Fátima están convencidos de que en el tiempo de una
generación lo revelado se haría realidad. Entonces ese contenido
inmediato de la revelación es expresado en una visión con lenguaje
apocalíptico. En las visiones no tenemos un lenguaje histórico, como
una toma televisiva; tenemos un lenguaje simbólico y visionario.
Podemos entender que esto en realidad es una indicación de la crisis
de la Iglesia en la segunda parte del siglo XX y en nuestro tiempo.
Incluso en el inmediato sentido de profecía, esta visión está
siempre en las generaciones inmediatamente posteriores, aunque no
podemos excluir a las que vienen después. No podemos decir que no,
tenemos que esperar, debemos pensar que es probable que puedan darse
ataques similares contra la Iglesia o contra el Papa.
Raymond
Arroyo: Detengámonos un momento en este Papa. Usted ha trabajado
cerca de él por estos 21 años. ¡Increíble! ¿Cuál cree es la
contribución del Papa a Iglesia y como ha moldeado el Papado, el
Papado hacia el futuro?
Cardenal
Ratzinger: Si bien tiene una dimensión política, posee una dimensión
mucho más espiritual. En la dimensión política, como todos sabemos,
contribuyó a la caída de los regímenes de Europa del Este. Ha
generado –y aquí hablamos ya de la dimensión espiritual – una
relación con Israel y un nuevo compromiso por los pobres del mundo.
Esta es una de las dimensiones esenciales que ha revelado y que ha
reforzado el compromiso de caridad de la Iglesia para con la gente
que más sufre en el mundo. Tenemos una dimensión espiritual con su
profunda fe y amor por el Señor y por su Madre María, Madre de Dios,
quien nos alienta con su oración y con su comprensión de la
presencia del Señor. Nos dio un nuevo comienzo, una nueva esperanza
para los jóvenes, especialmente para entender que “podemos rezar hoy
en día. Cristo está presente en nuestros días Con todos sus viajes
por el mundo, con su palabra, sus escritos, su profunda fe y su
renovación de la misma, fue el iniciador del movimiento de la
juventud, de la “nueva primavera de la Iglesia”. “Sí, podemos vivir
de esta forma. Cristo está presente. Y eso es más importante que
todos los problemas de la fe y de nuestra vida moral, tener al Señor
y estar en el camino del Señor”. También es esencial todo lo que el
Papa ha hecho para generar la renovación de nuestra vida de fe y de
nuestra vida sacramental.
Raymond
Arroyo: ¿Qué hay de su sufrimiento, el sufrimiento de este hombre
ante todo el mundo que hemos podido observar? ¿Cuál cree usted que
es su contribución?
Cardenal
Ratzinger: Creo que, en nuestro tiempo, es muy importante. Estamos
en un mundo en el que sólo suenan las personalidades activas, del
deporte y similares, todos jóvenes. La idea es ser joven y hermoso.
Que un hombre anciano sufriente exista nos muestra que alguien así
puede ser una importante contribución a la vida de las personas. Su
sufrimiento estuvo en comunión con el sufrimiento de Cristo y tal
vez con su sufrimiento podemos entender mejor que el sufrimiento de
Cristo redimió al mundo. Del Papa podemos aprender porque se entregó
al sufrimiento, lo dejó todo y demostró que sus fuerzas iban van más
allá de las fuerzas humanas porque tenía a Cristo. Podemos aprender
de su sufrimiento y del regalo que significó para nosotros, tan
necesario en nuestro tiempo.
Raymond
Arroyo: Usted ha estado en este puesto durante 21 años. He leído en
distintos informes que usted quiso retirarse varias veces. ¿Por qué
está todavía aquí? (risas de ambos).
Cardenal
Ratzinger: Sí, tuve el deseo de retirarme en 1991, 1996 y 2001
porque tenía la idea de que podría escribir algunos libros y
regresar a mis estudios como lo hizo el Cardenal Martini … pero, por
otro lado, viendo al Papa sufriente, no podía decirle al Papa, ‘Yo
me retiro, me dedicaré a escribir mis libros (ambos se ríen). Tengo
que continuar.
Raymond
Arroyo: Mi pregunta final ¿Cuál es a su parecer el gran peligro y la
gran esperanza de la Iglesia hoy?
Cardenal
Ratzinger: Creo que el peligro más grande está en que nos
convirtamos en una organización social que no esté fundada en la fe
del Señor. A primera vista, parece que sólo importara lo que estamos
haciendo y que la fe no es tan importante. Pero si la fe desaparece,
todas las otras cosas, como hemos visto, se descomponen. Pienso que
existe el peligro, con todas estas actividades y visiones externas,
de subestimar la importancia de la fe y perderla, comenzar a vivir
en una Iglesia en la que la fe no sea tan importante.
Raymond
Arroyo: Correcto.
Cardenal
Ratzinger: Entonces existe la gran esperanza en el Señor, veremos
una nueva presencia del Señor. Podemos ver que su presencia
sacramental en la Eucaristía es un regalo para nosotros y nos
permite amar a otros y trabajar por los otros. Pienso que la nueva
presencia de la Eucaristía y el nuevo amor por Cristo, y Cristo
mismo presente en la Eucaristía es el elemento más alentador en
nuestro tiempo.
Raymond
Arroyo: Agradecemos al Cardenal Joseph Ratzinger y a su equipo por
permitirnos esta entrevista. |