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Wojtyla sabía quién lo iba a suceder en el trono de Pedro

 

Arturo Mari contó en Radio 10 sus experiencias como fotógrafo oficial del Santo Padre. Reveló que Juan Pablo II dejó "calles abiertas" para que se defina quién seguirá con el Pontificado

 

Arturo Mari, el fotógrafo personal del Papa, pasó con él 27 años de Pontificado y contó en Radio 10 su experiencia al lado de quien marcó el rumbo de la Iglesia durante más de un cuarto de siglo.

 

"Fue una persona que dio todo al mundo", el hombre con el que recorrió el planeta. “Desde el Polo Norte hasta el Polo Sur, hemos visitado a cientos de personas. Gente honorable", explicó.

 

Mari recordó los últimos días de Wojtyla, y de allí relata momentos inolvidables para él. Juan Pablo II pidió verlo cuando estaba recluido en su habitación: “El subsecretario cardenalicio me llamó y me dijo que el Santo Padre quería verme. Fue un momento realmente muy emocionante".

 

Recuerda "su mano besándola", y también que Wojtyla le tocaba la cabeza. "Después dos veces me dijo 'gracias': fueron los momentos más importantes de mi vida que en el propio lecho de muerte me recuerde", añadió.

 

Mari fue consultado sobre la beatificación que los fieles y varias voces vaticanas impulsan sobre la figura de Juan Pablo II. Sobre si cree que será santo, respondió que no podría asegurarlo pero que siempre para él "era un santo viviente".

 

Agregó: "La gente vio tantas cosas, yo vi tantas cosas, que puedo decir que era un santo viviente".

 

Quien acompañara a Wojtyla de sol a sol durante casi 30 años sostuvo, en diálogo con Radio 10, que si bien no hace ningún pronóstico, "Juan Pablo II sabía quién podría ser su sucesor", por cuanto Wojtyla "dejó una inspiración" y calles abiertas.

 

"Yo supongo que sabía, porque el Santo Padre para todo el mundo dejó abiertas tantas calles: la familia, los jóvenes, el ecumenismo", manifestó Mari, delineando así el perfil que cree tendrá el siguiente Papa. "En su mente -la de Wojtyla- sabía quién podía seguir su camino", dijo Mari, sin nombrar a quien él creía que sería el sucesor. "En este punto es posible que el Espíritu Santo va a ayudar".

 

Mari fue claro: "En mi mente espero una persona, pero creo que el Espíritu Santo ayudará: será una persona con la mente muy abierta, eficaz, humilde, pero veremos qué pasa. Dejó, como lo dije antes, calles abiertas para su sucesor, que tendrá que cumplir algo difícil", estimó.

 

Mari recordó también sus viajes a la Argentina con Wojtyla: "Su tierra le debe tanto al Santo Padre. Yo recuerdo perfectamente lo que hizo en la Argentina. Con su mediación evitó problemas para las Falkland (Islas Malvinas). Me acuerdo de gente que lloraba, que llenó la Plaza de Mayo en la gran misa, y la gente llora y dice a su santidad 'Ayúdame'. Es el mayor recuerdo que tienen en la Argentina".

 

En cuanto a si fotografiaría también al nuevo Papa, contestó que "institucionalmente" el fotógrafo personal "será elección del Papa", pero confió: "Espero que me elija porque tengo mi corazón fuerte".

 

Destacó que "la mejor imagen" que tiene del Papa "fue la humildad", ya que, añadió: "No hay una foto que me guste más o que sea más bella o interesante. Todas las fotos que pude hacer son en su forma lindas, porque el Santo Padre con su humildad y carisma me dio más a mí como fotógrafo y como amigo, y me permitió hacerle ver al mundo a Juan Pablo II".

 

Cuando le preguntaron sobre su relación con el Papa, dijo que dejaba que lo respondieran los otros. "Veintisiete años son tantos de mi vida, sobre su espalda, que es otra vida", comparó. "Yo vivo cerca del Vaticano pero mi día laboral empieza ahí a las 6.30 y hasta la noche, las nueve, las diez, las once".

 

La faceta de la actividad del Papa fue resaltada por Mari: "El Santo Padre, su mayor punto fuerte, era el trabajo. Son tantas horas, que no dejó ni un minuto de pensar y de rezar. Su vida era la Iglesia, el contacto con la gente. Era un trabajo enorme", se emocionaba Mari.

 

Sobre monseñor Estanislao Dziwisz, contó que era como el hijo de Juan Pablo II. "Era el hombro del Papa, porque comprendía que el Santo Padre trabajaba todas esas horas. Era el que preparaba la jornada de trabajo, y creo que don Estanislao estuvo 40 años junto con el Papa como una sombra detrás de él".

 

Mari declaró que "nunca nadie reconoció su humildad y su silencio", en referencia a Dziwisz. "Nunca dijo que estaba cansado, que se sentía mal o algo. Esa era su mayor virtud".

 

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